PostHeaderIcon La vanidad: el “Ego” que nos pierde a veces.

Algunas veces hemos visto en los demás un comportamiento que hemos tachado de vanidoso. Hemos visto en ellas una excesiva confianza y una creencia aparente de tener una capacidad propia y una atracción muy por encima de otras personas y cosas. La vanidad es el orgullo basado en cosas vanas. Se caracteriza por comportamientos como la arrogancia, el envanecimiento (no hay nada detrás, mucha apariencia) y deseo de ser admirado por el alto concepto de los propios méritos; su vanidad es mayor que su inteligencia, los individuos vanidosos son a veces menos inteligentes. Son personas que se vanaglorian de lo que hacen, de lo que son, de la imagen que dan; manifiestan con frecuencia engreimiento, petulancia, pedantería.

la vanidad
Egocentrismo

Las personas vanidosas por lo general, lo que intentan es engrandecerse ellas mismas para poder tranquilizar esa inseguridad que es simplemente la confirmación de que no hay nada de cierto en esa publicidad gratuita que lanzan constantemente proclamando sus virtudes.

A veces decimos con frecuencia que tenemos el “Ego” subido. Es la idea de uno mismo subida por encima de la realidad, la máscara, el papel que estamos desempeñando; supone una forma distorsionada de afirmar y vivir la existencia, estamos en una cultura predominante en la que la inmensa mayoría de las personas no les interesa “lo que es”, sino “como se ven” o, que calidad de imagen proyecta, les interesa la imagen más que la objetividad. Y así, el hombre de la sociedad se lanza a participar en esa carrera de las apariencias, en el típico afán de quien engaña a quien, de cómo lograr mejor impresión. Jugamos a las etiquetas, a las formas sociales y exhibiciones económicos para competir por la imagen social, un combate en el que los seres humanos no les interesa ser, sino parecer.

La vanidad como hemos dicho es un afán excesivo de ser admirado, es un defecto menor, que a veces hasta resulta gracioso, cuando no se desorbita. Nada embriaga tanto como los elogios. El poder, la gloria y los honores son de naturaleza narcótica y adictiva. Saber reconocer sus sentimientos, su necesidad de reconocimiento es muy importante para salir de ese egocentrismo.

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