PostHeaderIcon Inteligencia emocional

Demostrar los sentimientos

La inteligencia emocional es la capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, y la habilidad para manejarlos. El término fue popularizado por Daniel Goleman, este estima que la inteligencia emocional se puede organizar en cinco capacidades: conocer las emociones y sentimientos propios, manejarlos, reconocerlos, crear la propia motivación y gestionar las relaciones.

Según esto nuestro cociente de éxito se debe un 23% a nuestras capacidades intelectuales y un 77% a nuestras actitudes emocionales. Se ha comprobado que el hecho de hablar sobre las propias emociones tiene un efecto sedante sobre el sistema nervioso.

Las personas con habilidades emocionales bien desarrolladas tienen más posibilidades de sentirse satisfechas y ser eficaces en su vida, y de dominar los hábitos mentales que favorezcan su propia productividad; las personas que no pueden poner cierto orden en su vida emocional libran batallas interiores que sabotean su capacidad de concentrarse en el trabajo y pensar con claridad.

Tenemos que aprender y ser capaces de describir nuestros sentimientos con palabras y una vez que los reconozcamos nuestra posibilidad de controlarlos es mucho mayor, es importante hacerlo porque nuestro estado anímico influencia en gran medida lo que hagamos. Cuando esta triste, se mostrara retraído. Cuando está contento, derrochara buen humor. Pero si no sabes como estas, entonces tampoco sabe cuál es su forma de actuar más probable, y por tanto no estarás seguro de ponerla en práctica.

Es importante recordar que las emociones llamadas “positivas” pueden tener aspectos peligrosos o inconvenientes, pues el entusiasmo puede conducir a un comportamiento impulsivo. Entrenarse en el desarrollo de las actitudes emocionales permite desarrollar la capacidad de manejar las emociones idóneas para cada acción y regular su manifestación, manteniendo el equilibrio emocional; transmitiendo estados de ánimo para generar actitudes y respuestas positivas; aprendiendo a evaluar el “ costo emocional” de situaciones y acciones; desarrollando destrezas sociales, forjando y manteniendo relaciones con clientes, proveedores, colegas, etc.…; realizando un plan de aplicación en el terreno de nuestra esfera de influencia empresarial y laboral, extendiéndolo a la vida familiar y social.

La estructura emocional básica puede ser modificada mediante una toma de conciencia y cierta práctica.

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